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	<title>Crónicas Viajeras - Hernán Dinamarca</title>
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	<title>Crónicas Viajeras - Hernán Dinamarca</title>
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		<title>Luxemburgo: un bello caos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[franco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Sep 2013 18:54:00 +0000</pubDate>
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<p>Hay ciudades que nos sorprenden. Me ocurrió con Luxemburgo. Antes de viajar hacia sus calles, por simple ignorancia, daba cero crédito al burgo inaugurado hace poco más de un milenio, luego que un noble adquiriera un castillo en la cima de una colina. Desde ahí &nbsp;emergió una ciudad devenida Gran Ducado, independiente y altiva, en el mero centro de Europa, casi como un enclave para limar asperezas entre vecinos más encumbrados, léase Francia, Alemania y Bélgica.</p>



<p>Con cerca de 2.500 kilómetros cuadrados (la provincia de Talca, en Chile, es cuatro veces más grande) y una población de medio millón de luxemburgueses, donde la mitad son “originarios”. El resto, la mayoría vino de Portugal, otros de Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Reino Unido, Holanda y no pocos de África. Para el Banco Mundial, el país tiene el ingreso per cápita más alto del mundo. El FMI refuta que es el segundo. En fin, en Luxemburgo un mal pasar material no es tema. Pero no vamos a hablar aquí de indicadores. Esto fue un viaje.</p>



<p>Quedémonos en la ciudad. Su casco histórico es patrimonio mundial de la UNESCO. Y lo merece. Más que arquitectura, más que museos y ruinas, lo que sorprende al viajero no avisado es el amplio emplazamiento de la ciudad antigua.</p>



<p>Colinas, quebradas, edificios, puentes, ríos y barrios añosos de una belleza entrañable, rodeados de bosques y jardines. Y en el horizonte, en otra colina, se recortan algunos edificios vanguardistas del Luxemburgo financiero. Tan amplia vista nos sorprende en el puente más visitado de la ciudad, donde en la cúspide de una quebrada se emplazaba el castillo originario, cuyos restos aún permanecen dando cuenta de la maravilla arquitectónica de hace más de un milenio.</p>



<p>Abajo, un angosto río sigue el curso de la misma quebrada, en cuyas orillas hoy se ubican barrios citadinos muy amables y elegantes. Estos barrios, en su origen, en los siglos medievales y en los fundantes de la industrialización, eran los rincones donde moraba el bajo pueblo. Para el turista actual es un paseo obligado recorrer sus calles y parques, o bien es una vista panorámica a observar ensimismado desde los grandes puentes, ya sean peatonales y ciclovías, de autos y buses, de trenes y tranvías.</p>



<p>Mientras arriba, en laderas y colinas, se emplazan edificios patrimoniales y el centro comercial, que es peatonal y animado, con cafés y bares, por supuesto.</p>



<p>Sorprendente Luxemburgo. Uno esperaba encontrar a unos ciudadanos ordenados, opulentos, aburridos, homogéneamente caucásicos y, en vez de eso, encuentra un pueblo variopinto y sereno, que habita una arquitectura y geografía evocadora de un bello caos.</p>
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		<title>Bandadas en el cielo de Berlín</title>
		<link>https://hernandinamarca.cl/cronicas/bandadas-en-el-cielo-de-berlin/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[franco]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 May 2013 18:55:00 +0000</pubDate>
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<p>Win Wender, en esa maravilla de film <em>El cielo sobre Berlín&nbsp;</em>(Der Himmel über Berlin), no pudo imaginar lo que ahora voy a narrarles. Hace unas semanas, los primeros días de abril, estuve en la gran ciudad antaño herida por el muro. Mucho frío, bajo cero, y nieve. Inusual. Recién iniciado el horario de verano, ese que alarga y alegra las tardes, y pese a estar ya en el calendario, la primavera se resistía a llegar. Amén del frío, la atención de la ciudad estaba puesta en bandadas de pájaros migratorios extrañamente detenidos en el cielo de Berlín.</p>



<p>Nunca en estas fechas, desde que se mide el estado del tiempo, las temperaturas habían sido persistentemente tan bajas en el norte de Alemania. Eso decían las noticias. Y nunca antes, agregaban, los pájaros que venían del sur a gozar y alimentarse en la temporada cálida del norte, habían quedado ahí suspendidos. En un programa de radio, una señora preguntaba a un científico: «<em>¿por qué?»&nbsp;</em>Éste, muy preciso, con otra pregunta respondía lo obvio: «<em>si usted viaja hacia un área que espera cálida y se encuentra con una enorme masa de aire más frío, tal cual una suerte de pared que le inhibe avanzar al ritmo de la masa de aire en la que viene, dígame, ¿usted qué haría? Simple. Seguro que a lo menos se detiene por abrigo»</em>. Mientras se escuchaban diálogos del estilo, arriba, ante tal imprevisto, los pájaros permanecían varados en el cielo de Berlín.</p>



<p>Como siempre, tras el aserto de lo simple, hay más relaciones y complejidad. A estas alturas de la eco-crisis, por lo demás, se trata de relaciones bastante develadas. Pobres pájaros, tan lejos de Dios y tan cerca de los humanos. Pues, causas antrópicas, según los estudiosos, serían las responsables del cambio climático con todas sus todavía inimaginables secuelas socio-ambientales. El exceso productivo y consumista, el afán de lucro y la paradójica práctica económica propia de la modernidad, que, ajena a la biosfera, calcula solo para el corto plazo y lo hace presa de la torpe lógica del crecimiento ilimitado. Esa ensimismada mirada humana, ha sido la causa del cambio climático, de la acelerada pérdida de biodiversidad y de una amenazante contaminación de las aguas y océanos, todo en un enorme desafío adaptativo a los seres vivos y, pese a que aún solemos negarlo, en especial, al actual modo de vida humano.</p>



<p>La imagen era hermosa. Latía un eco poético en las bandadas sobre el cielo de Berlín. Y como no, si en la buena poesía, en su metáfora y en su génesis, anida el sufrimiento y la dicha. Pobres pájaros, inocentes antes el frío. Pobre humanos, igual de desorientados que las aves, hemos empezado a sufrir y morir por inundaciones, contaminaciones, conflictos por agua, desplazamientos migratorios forzados, desertificaciones, huracanes inusuales… claro que, ya sabida nuestra responsabilidad en el daño ambiental, todos somos culpables. Unos más que otros, sin duda; aunque –y esta es la buena noticia- cada vez aumentan los seres humanos que tratan de empezar a vivir de otra manera, aunque a veces les falta fuerza y flaquean ante la soberbia de los avaros.</p>



<p>Pobres pájaros. Enigmáticos. Los etólogos aún debaten cómo se sincronizan cuando migran en bandadas. Cómo hacen sus deslumbrantes coreografías. Cómo, año tras año, recorren miles y miles de kilómetros, allende hemisferios, arribando el mismo día, a la misma hora y a los mismos lugares, escalas incluidas. Todo en un desplazamiento vital con un enorme gasto de energía. ¿Hasta cuándo los pobres pájaros resistirán suspendidos en el cielo de Berlín?, me preguntaba esa primera semana de abril. ¿Cuándo morirán, si acaso no continúan su vuelo? Pues, lo sabemos, hoy por hoy los pajaros están muy desorientados y en franca pérdida de biodiversidad. Ellos viven su propio desafío de adaptación.</p>



<p>El film de Wender, <em>El cielo sobre Berlín</em>, es de 1987. El film <em>Blade Runner</em>, de Ridley Scott, inspirado en la novela de Philip K. Dick, es de 1982. En las proféticas escenas de <em>Blade Runner</em>, ambientadas el 2019, nos asombramos con lluvia ácida y con “hombres y mujeres” creados a imagen y semejanza del ser humano, androides, pero sin futuro y sin memoria. Sorprendente. Recordemos que los años ochenta eran años en que solo algunos sabían lo que vendría. Hoy, ya aquí el futuro imaginado por Scott y Dick, la lluvia es casi ácida, a veces mucha, otras escasa, y más “ácido” aún es el frío y calor extremo que, alternadamente, expulsa a tantos seres vivos.</p>



<p>Más allá de la intuitiva ficción en el cine y de la densa maraña y bruma en el presente en ecocrisis, algunos seres humanos, pese a todo, persistimos con ganas y sueños de futuro, anclados en la memoria e Historia, deseando conservar. Mientras otros, inmersos en el desamor, la violencia, el dominio y el control, el mal hábitat, el hambre y el consumismo, vagan desesperados, sin futuro y sin memoria.</p>



<p>Pobres pájaros. Ojalá adapten sus conductas migratorias, alabadas desde la más profunda noche de los tiempos. Ya en la Biblia, Jeremías escribió: «<em>hasta la cigüeña, en el cielo, conoce sus estaciones; la tórtola, la golondrina y la grulla tienen en cuenta el tiempo de sus migraciones». </em>Y el Libro de Job fue más incisivo: «<em>¿Es por tu inteligencia que se cubre de plumas el halcón y despliega sus alas hacia el sur?»&nbsp;</em></p>



<p>¿Acaso los pájaros migran desplegando sus alas por la inteligencia de Dios?, resuena la pregunta. Tal vez. Es un misterio.&nbsp;Lo que sé, reitero, pobres pájaros, ahora tan lejos de Dios y tan cerca de los humanos.</p>



<p>En el cierre evoco la enigmática frase «<em>Y seréis como Dioses»,</em>&nbsp;título de un ensayo de Erich Fromm de extraordinaria vigencia, cuya lectura o re-lectura sugiero para salir a empatizar con los pájaros, con nosotros y con la vida. En 1966, el maestro judeo-alemán, nos alertó que en el presente como Historia nuestro principal desafío evolutivo consiste en lidiar con el extremismo y la vanidosa soledad del Ego, el «<em>ego (en un) ísmo»</em>, la conciencia en separatividad. Esa emoción que emergió entre los antiguos como un Yo (el sujeto humano y natural) enajenado frente al Ello (la naturaleza); emoción que de inmediato hizo verbo una patriarcal tribu de ganaderos que soñó con Yahvé (mi único nombre es sin nombre).</p>



<p>La triste presencia de las bandadas sobre el cielo de Berlín (que al rato marcharon), ojalá nos ayude a calmar la desolada soberbia de ese Ego que radicalizamos en la mente y el corazón del individuo moderno y, a la vez, ojalá nos ayude a continuar bregando en el desafío de la sustentabilidad, que en lo sustantivo consiste en corregir el rumbo tras el error en la base del antropocentrismo instrumental y separado, tan común en la mirada del colectivo en la época moderna.</p>
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		<title>Un domingo junto a Kant</title>
		<link>https://hernandinamarca.cl/cronicas/un-domingo-junto-a-kant/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[franco]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 08 Dec 2012 18:56:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Algunas mañanas de domingo nos regalan asombros. Fue lo que me ocurrió hace algunas semanas, caminando por las medievales calles de Mosbach (Alemania), al leer inscrita en un muro y a grandes trazos ésta maravilla del filósofo Imanuel Kant: Nicht sehen trennt von den Dingen – Nicht hören trennt von den Menschen (ver foto). En [&#8230;]</p>
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<p>Algunas mañanas de domingo nos regalan asombros. Fue lo que me ocurrió hace algunas semanas, caminando por las medievales calles de Mosbach (Alemania), al leer inscrita en un muro y a grandes trazos ésta maravilla del filósofo Imanuel Kant: <em>Nicht sehen trennt von den Dingen – Nicht hören trennt von den Menschen</em> (ver foto). En castellano: “No ver nos separa de las cosas – No escuchar nos separa de las personas”. La belleza de los asertos me entusiasmó en el profundo sentido que los griegos dieron a la palabra <em>entheous</em>, que lleva un Dios dentro, que inspira.</p>



<p>Esa mañana, en asociación libre, emergieron imágenes e ideas que ahora, en el mismo tono, quiero plasmar en el papel (ya sé, debería escribir en la pantalla del computador, pero como la expresión aún carece de la poesía del papel en blanco, permítanme tal licencia). Y ojo con eso de la asociación libre, que es literal, pues, como leerán, entusiasmado con la sugerencia kantiana divagaré haciendo relaciones en el estilo del pensamiento lateral.</p>



<p>Primero, con la memoria. Sí, sorprende que las mismas intuiciones y motivos de la razón y del corazón han sido dichas una y otra vez en la deriva humana. Las añosas palabras de Kant son las mismas que hoy resuenan en la recuperación que aquí en <em>Sitiocero </em>hacemos una y otra vez cuando hablamos de la comunicación como el acto de poner en común inspirado en la escucha activa y el decir en el respeto a la legitimidad del otro (Maturana). La evolución en las ideas pareciera operar en espiral: se dice algo, queda en la memoria, y luego otro lo re-evoca con nuevos sentidos, con mayor complejidad.</p>



<p>Un ejemplo que reitero desde hace muchos años es la actual complejización de la idea y práctica de la tolerancia, un inestimable valor e idea moderna. La tolerancia hoy evoluciona hacia la nueva idea del respeto al otro por el simple hecho de existir, situado en su propia especificidad y en reciprocidad, superando así el valor de la tolerancia, que en el devenir histórico concreto emergió acotada a un “tolerarse” ideológicamente entre iguales, blancos y de preferencia hombres.</p>



<p>Es como si las intuiciones y razones habitaran en una memoria y se actualizaran constantemente, adquiriendo nuevos matices y complejidades.</p>



<p>Segundo, con la conexión y la separación. No ver nos separa de las cosas, no escuchar nos separa de las personas. Los sentidos y la percepción como puentes que nos conectan, que nos acoplan con el mundo, que crean y nos abren mundos. Por eso, cuando no miramos y no escuchamos, lo que hacemos es desunirnos, desacoplarnos, y de esa manera irritar e irritarnos peligrosamente, perturbar y ser perturbados. Así como el sentido más profundo de toda búsqueda religiosa (espiritual) anida en la etimología de la palabra religión, que es <em>re-ligare</em>, es decir el anhelo existencial de volver a conectarnos con el misterio/universo del cual, en conciencia ensimismada, nos sentimos separados; de igual modo, el sentido profundo de la percepción que sugiere Kant (escuchar y ver para unirnos) nos anima a conectarnos con la entrañable belleza de las cosas (lo pequeño es hermoso porque ahí anida la magnificencia de la vida), y también nos activa la empatía con las emociones del otro y otra.</p>



<p>Así como la búsqueda de re-ligare es un acto de libertad mediante el cuál suspendemos el inevitable extrañamiento que es la ilusión del existir como un “adentro y un afuera”; de igual modo, las imagenes (de las percepciones) sugeridas por Kant, nos permiten suspender la alienación y violencia que implica no mirar y no escuchar en conexión con las cosas y los otros (as).</p>



<p>Tercero, la negación por y desde el poder. “No escuchar nos separa de las personas”. Una mayoría de nuestros estudiantes y ciudadanos, por ejemplo, vienen hace rato pidiendo nuevas reglas del juego en la educación y una nueva matriz energética (sustentable); pero apenas hacen mella en los oídos de los hombres y mujeres en el poder. Con razón, algunos jóvenes líderes, Giorgio Jackson, entre otros, arribaron a un elemental diagnóstico: si el poder no escucha el clamor ciudadano, es obvio que algo no funciona en nuestra democracia; luego, hay que hacer una re-evolución democrática.</p>



<p>Otro ejemplo: tras la emergencia y crítica ciudadana del 2011, asistimos como país a la histórica oportunidad de re-constituir un “Frente Amplio” de unidad democrática, de nuevo estilo y con nuevos contenidos, <em>ad hoc</em> a los desafíos que impone la necesaria re-evolución democrática. Sin embargo, esa oportunidad y necesidad es negada –no es escuchada- por no pocos políticos y personas que se dicen democráticas. Ellos, aún anclados en el paradigma del poder como acumulación de fuerzas para someter al otro, cuando no directamente en defensa de sus mini-espacios de poder y beneficios, ya sean los Escalona, los Walker, los Gómez, los Meo, los Tellier, y así suma y sigue, anteponen sus intereses y lógica excluyente para negarse a conceder y obtener la unidad necesaria tras un objetivo superior, que es lo que hoy quiere ver la ciudadanía: gestos valóricos, unitarios, con nuevos estilos relacionales.</p>



<p>Y, al final, un dato publicitario. El muro en Mosbach colinda con un comercio de artículos para la sordera (por eso del <em>nicht hören</em>). Es decir, Kant en los inicios del siglo XXI puede ser re-visitado como “creativo de publicidad”. Ojala en nuestro Chile algún creativo se inspire y sugiera un quiebre con las necedades en formato de <em>spot </em>con las que suelen cautivar a la gente para alentar la borrachera del consumismo sin freno.</p>
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		<title>La India: otro y el mismo mundo</title>
		<link>https://hernandinamarca.cl/cronicas/la-india-otro-y-el-mismo-mundo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[franco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Sep 2011 18:57:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Estuve casi un mes en Kerala, al sur de la India, y a mi regreso no fue fácil escribir. Pos-viaje, aún perplejo, habité en el silencio. Mis primeros mail fueron lacónicos: “otro mundo, magnifico y desconcertante”. Tal vez así quería evitar el lugar común del estilo: “los primeros días debes adaptarte a la intensidad de [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Estuve casi un mes en Kerala, al sur de la India, y a mi regreso no fue fácil escribir. Pos-viaje, aún perplejo, habité en el silencio. Mis primeros<em> mail</em> fueron lacónicos: “otro mundo, magnifico y desconcertante”. Tal vez así quería evitar el lugar común del estilo: “los primeros días debes adaptarte a la intensidad de los olores, al brillo inigualable de los colores, a mucha pero mucha gente apiñada en todos los lugares”. O evitar descripciones costumbristas de hombres que caminan tomados de la mano, el movimiento grácil de la cabeza que hacen mujeres y hombres para manifestar buenas emociones, el inenarrable tráfico de autos, taxis, motos, buses y camiones que, en ruidoso caos, se desplazan junto a personas, bicicletas y animales, tal cuál si fuera un delirante <em>videogame…</em></p>



<p>Son tantos los nuevos estímulos que algunos occidentales simplemente escapan de inmediato, en estado de shock y desilusionados de no escuchar en cada esquina el sagrado <em>mantra OM.&nbsp;</em>Y aunque el país es eso, sin duda, es también mucho más. Ahora, días y reflexiones mediante, puedo hilvanar algunas impresiones.</p>



<p>Primero, hablaré de Kerala, un pequeño Estado indiano –lo de pequeño es un decir, pues son 40 millones de personas. Recordemos que en India habitan casi 1.200 millones en una superficie que no alcanza siquiera a la mitad de Brasil.</p>



<p>Kerala es exuberante. Selvas y playas tropicales, una biodiversidad única y sus singulares <em>backwaters </em>(remansos), vías fluviales de kilómetros y kilómetros que pasan por aldeas aún ancladas en modos de vida por nosotros olvidados. En India le dicen “La Tierra de Dios”.</p>



<p>Con una historia, además, digna de contarse, aunque sea en pocas&nbsp; palabras. Sus orígenes culturales están en la base de la India más profunda, aquella&nbsp; de sabidurías milenarias como el budismo, el yinaismo, el cristianismo nestoriano, el shivaismo –del hinduismo-. En los orígenes de la modernidad, los primeros encuentros de occidente con la India fueron en Kerala. A sus costas, en busca de especias, arribó en 1498 el navegante portugués Vasco de Gama. Y en 1957, en Kerala asumió el primer gobierno comunista electo democráticamente en el mundo.</p>



<p>Este último dato explica los actuales indicadores socio-económicos de Kerala, extraordinarios para la India. Desde esa fecha hasta hoy, en el Estado se han sucedido comunistas y el partido del Congreso: es común encontrar flameando banderas comunistas o afiches del Che Guevara con consignas en lengua malayalam. Y los comunistas, con su énfasis moderno en lo social, han puesto el foco en educación, en salud, en igualdad de género. Resultado: la región “más desarrollada” del país, según parámetros occidentales, con una alfabetización del 100%, altas escolaridad, esperanzas de vida que superan los 70 años e incluso mujeres-policía.</p>



<p>Esta historia se expresa en una sociedad hoy compleja: por un lado, como en toda la India, en Kerala se vive para acudir a los templos, coexistiendo distintas tradiciones espirituales: hinduistas (shivaistas), musulmanes, cristianos, budistas; y por otro, hoy están volcados a la modernización global en un hacer frenético orientado a la industria del turismo de intereses especiales (cuya oferta principal es salud con la medicina Ayurveda, ya volveremos sobre esto), amén de exportar inteligencia y mano de obra educada a los países árabes y Europa. La principal fuente de ingresos de Kerala proviene de las remesas que llegan a las familias desde el exterior.</p>



<p><strong>Una modernidad en tensión</strong></p>



<p>Si bien la India es otro mundo, más allá de occidente, a sus hogares en las últimas décadas han llegado de manera masiva los jeans y las faldas, los autos, la tecnología, el plástico y la comida chatarra, todo animado por una publicidad que agita “desbocada” una globalización que interconecta económicamente a moros, hinduistas, confucianos, taoístas y cristianos.</p>



<p>A ojos de observadores críticos ante los excesos de la modernización, el proceso que viven es impactante. Y ellos mismos están entre enceguecidos, confundidos e impactados. Desde hace una década, igual que los chinos, crecen a tasas del 8 al 10%. Y como ambos mundos orientales suman casi la mitad del planeta, la pregunta que allá y acá se hacen quienes piensan en el futuro planetario es ¿si la Tierra resistirá una expansión entre indios y chinos del modo de vida ambientalmente depredador, consumista y excesivo que ha sido común al occidente moderno?</p>



<p>El punto es inquietante. Pues, lo que uno ve en la superficie es un país volcado a una modernización acrítica, que conlleva horrores ambientales y algunos vicios públicos y privados. El <em>din-don es Don Dinero</em> comienza a inundarlo todo. Se expanden los negocios y la búsqueda de ganancias en cualquier cosa y relación. Por ejemplo, en el turismo llega a ser odioso el regateo permanente ante precios que en una primera oferta engañan con una maximización extraordinaria.</p>



<p>Confundidos ante Internet y la TV global, reaccionan paradojalmente. Como buenos aprendices ya son líderes en informática, pero catastran y fiscalizan en tono autoritario la comercialización de conexiones y contenidos. La TV con su publicidad, cómo no, insinúa e insinúa el sexo en los cuerpos para aumentar las ventas, pero en la programación es censurada toda mala palabra mediante un pitito y se evitan incluso los besos.</p>



<p>El crecimiento económico ha contaminado con químicos a más de un tercio del río Ganges y la mayoría de los cursos de agua. La entrada frenética en pocos años de los autos han colapsado ciudades y rutas. En mi estadía allá precisamente ambas noticias eran informadas como titulares y con preocupación por el Ministro del Medio Ambiente.</p>



<p>La basura es una presencia irritante, fruto del&nbsp; hábito de tirar todo al suelo (y esa basura exterior contrasta con la limpieza inmaculada al interior de sus casas y de cualquier edificio). El plástico abunda en las calles. Si hasta hace décadas, no era tema depositar los restos orgánicos en el suelo, ya que la naturaleza re-absorbía; hoy tirar el plástico y otras materias al suelo ha generado un grave problema visual y de salud, sin contar las carencias en otras normas sanitarias. Y así, suma y sigue una expansiva crisis ambiental.</p>



<p>La omnipresente publicidad es otro hecho difícil de narrar. No hay edificio, casa y calle que no tenga avisos publicitarios. Incluso en los <em>backwaters</em>, en aldeas perdidas, se aprecian gigantografía con publicidad de bancos, de centros de consumo, de un cuánto hay para activar la oferta y la demanda. En lo formal son imágenes calcadas de nuestra cultura audiovisual, aunque con rostros de indios e indias, claro que los más parecidos al patrón de belleza occidental.</p>



<p>¿Cuál será la evolución de todo este proceso? Difícil pregunta. Por ahora, solo evocar, como me explayaré en el próximo punto, que se trata de otra cultura, compleja, milenaria, que no debería acabar ciega y subordinada a esta modernización. Nunca lo han hecho, por lo demás, pues siempre han perseverado con sus profundidades más intimas. Además existe la enorme herencia moral de Gandhi, a quienes los ecologistas y todas las sensibilidades anti-asimilación acrítica del occidente moderno, que no son pocas, lo recuerdan a cada rato. También emerge una discurso y una práctica política ecologista dotada de las mismas ideas fuerzas que en occidente, a la cuál son muy sensibles las nuevas generaciones. Y de hecho, India (y China) en los últimos dos años desde sus gobiernos han empezado con paciencia y rigor oriental a re-enfocar sus procesos productivos y energéticos hacía lo ambiental; proceso lento ante la magnitud del daño, pero es un nuevo dato. Algo emergerá. Lo que allá vendrá no será lo mismo que en occidente, por historia y por estos signos debería trascender lo que hoy se ve en la superficie.</p>



<p>Hervé Kempf, periodista francés de Le Monde, ante la pregunta <em>-¿cómo se les pide a los países emergentes, China o India, que dejen de consumir?,</em> ha respondido con notable simpleza: “Las clases medias indias tienen ganas de consumir más, de tener autos más potentes, porque miran en la TV cómo viven los estadounidenses y los europeos. Lo que pido a europeos y norteamericanos es que ellos cambien el modelo. En todo caso, China o India se están dando cuenta rápidamente de la amplitud de la crisis ecológica. Y ven que en sus países hay fenómenos de desigualdad, que serán cada vez más insoportables a medida que la crisis se agrave. En esos países hay conflictos sociales que se organizan en torno al control de los elementos esenciales a la supervivencia (agua, propiedad de la tierra)… El crecimiento en esos países no durará mucho tiempo… Es demasiado violento, desde el punto de vista ecológico como social. También allí se producirán profundos movimientos de transformación. Sin embargo, a ellos les será menos difícil ir hacia un modelo de sociedad que consuma poco materialmente. Los habitantes de los países ricos padeceremos más ese proceso, porque hemos perdido la costumbre de la sobriedad”*.</p>



<p><strong>Otra cosmovisión y mirada</strong></p>



<p>Hay algo en Kerala profundo y tan distinto. Lo resumo en clave cotidiana: asombra el sosiego y la sonrisa afable, de grandes y chicos, de hombres y mujeres, en un extraordinario contraste con el tráfico, el ruido y la aceleración caótica. ¿Cómo esto?, uno se pregunta. Y aquí solo esbozo algunas respuestas que nacen del interpretar como ellos viven una cosmovisión que habita en sus gestos cotidianos. En occidente, obvio, vivimos en nuestra cosmovisión, pero es diferente.</p>



<p>El teólogo Thomas Berry constató una diferencia central entre oriente y el occidente moderno. Allá perduró, pese al embate primero de la modernidad, el Yoga del oriente: la más profunda meditación y conocimiento de la interioridad, de la conciencia, del espíritu. Acá, en cambio, la modernidad evolucionó hacía lo que Berry llamó el “Yoga” de occidente: la ciencia, la más profunda reflexión y conocimiento del mundo exterior, material y orgánico.</p>



<p>Otra distancia entre ambas cosmovisiones es que allá aún no se diferencia a cabalidad –y menos se disocia- entre la espiritualidad –la religión, el hinduismo- y el vivir cotidiano, los asuntos mundanos, o el “Estado” por decirlo en clave política. Diferencia que si hizo occidente a partir de la modernidad. Es más esa diferenciación fue su aporte evolutivo por excelencia. Es lo que Ken Wilber, filósofo norteamericano, ha llamado el sano acto de diferenciar entre arte, ciencia y moral, entre hecho y valor. Pero una cosa es diferenciar y otra cosa muy distinta es disociar, que fue el error último –el desastre, dice Wilber- en el vivir de la modernidad. Le cito: “si la moderna diferenciación comenzó en torno a los siglos XVI y XVII, a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX había desembocado ya en una disociación patológicamente dolorosa.”</p>



<p>Si acá podemos disociar la moral religiosa del domingo en la mañana del vivir cotidiano en los otros seis días y medio de la semana, allá algo así no es posible. En India, la espiritualidad –la religión en este caso- es coherente con el vivir cotidiano del propio pueblo. Por ejemplo, esto se experiencia en dos actos de conciencia fundamentales: no hay miedo a la muerte, pues tienen fe en la re-encarnación, y eso es sinónimo de íntimo sosiego; y hay también un límite ético poderoso al obrar mal, cuál es la profunda convicción en la Ley del Karma (tus actos activan una vital cadena de efectos). Luego allá se hacen más responsables de sus actos y, en consecuencia, pese a las enormes carencias materiales, en India es posible caminar por las calles sin temor ni a asaltos, ni a robos (que los hay, pero son excepciones, aunque existe, igual que acá, violencia doméstica y en el ámbito emocional).</p>



<p>Una disociación que compartimos ambos mundo, es entre el adentro y el afuera, claro que invertida. Tal vez esto explique la relación con la basura exterior en la India, que se tolera de una forma incomprensible a nuestros ojos, así como se esmeran en la limpieza interior de sus casas, que es su templo, y de ellos mismos de una manera que a veces también nos cuesta entender. Mientras que acá, al menos en el occidente europeo, somos propensos a una esmerada limpieza en el exterior, soslayando a veces nuestros propios cuerpos y “templos”; de ahí el refrán: “escondemos la basura debajo de la alfombra”.</p>



<p>La cartesiana diferencia entre mente y cuerpo, que también mutó a disociación, fue la base sobre la que se erigió la medicina alópata moderna, que concibió al cuerpo como una maquina y, vía experimentación científica, obtuvo logros extraordinarios, inéditos en la Historia: reparar órganos y cuerpos y evitar contagios y epidemias, por ejemplo, permitió aumentar las esperanzas de vida y un lidiar con la muerte, a quién tanto tememos. Pero, como hoy se sabe en la propia ciencia occidental, la red sistémica de la vida entre mente y cuerpo es sólida y tenue. Por eso, hoy la medicina esta cambiando, aquí y allá, al ritmo de la emergencia del pluralismo médico.</p>



<p>Fue precisamente en esa brecha de saber (la disociación mente y cuerpo en la medicina moderna) por la que han entrado a occidente sabidurías milenarias como el Ayurveda de la India (y la Acupuntura China). Etimológicamente la palabra Ayurveda viene del sanscrito y significa Ciencia de la Vida, igual que nuestra Biología; pero allá se sustenta en una mirada que integra cuerpo y mente, que integra la cosmovisión, el conocer y el practicar. Más interesante aún es saber que fue el nacionalismo indio del siglo XX quién revalorizó esta medicina ancestral, en un gesto político identitario: como diciendo nosotros tenemos nuestras propias tradiciones. Hoy en India es común ver co-existir a hospitales alópatas modernos y hospitales ayurvedicos, casi en una virtual división del trabajo (“yo paciente, si me accidentó voy al primero, si quiero prevenir voy al segundo”) y el Ayurveda se enseña en las universidades.</p>



<p>Gesto político, además, que en la actual planetarización ha implicado que el Ayurveda se expanda por el mundo complementando con otra mirada a la medicina moderna y aprendiendo de ella, en un diálogo e hibridación que recién se inicia. Mientras en lo más pragmático ha implicado una oferta turística y de salud que en India genera muchos ingresos: Kerala esta llena de Resort ayurvedicos y no hay hotel, por más pequeño que sea, que no ofrezca salud a occidentales ávidos de otras técnicas y sabidurías de sanación, más allá de las críticas a lo que muchas veces es un simple hecho más de oferta y consumo, con sus engaños asociados.</p>



<p>En fin, una experiencia Kerala. Otro y el mismo mundo la India. De los caminos que oriente transite en su actual vivir la modernización dependerá mucho la forma y sentidos que adquiera &nbsp;la mutación de época de histórica que hoy sacude a la modernidad, aquí y allá. Y en eso, como escribimos, la complejidad está fluyendo.</p>



<p>Asimismo resuena en mi la convicción que en el futuro planetario un desafío clave será el cómo se encuentran, se des-encuentran, se reconcilian, se superan a si mismos en fusión o hibrídaje ambos “Yogas”: el de oriente y el de occidente. O dicho de otra manera: del cruce entre el ensimismamiento individual propio del oriente y la extroversión occidental, podría emerger la germinal síntesis ecológica que como humanidad necesitamos para dotarnos de continuidad.</p>



<p><em>* Entrevista a Hervé Kempf de Luisa Corradini.</em></p>
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		<title>65 años después: Hitler y los alemanes</title>
		<link>https://hernandinamarca.cl/cronicas/65-anos-despues-hitler-y-los-alemanes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[franco]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jan 2011 18:58:00 +0000</pubDate>
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<p>A quienes amamos la Historia nos sobrecoge observar hoy exposiciones que mañana serán hitos. Más aún, si con una nueva mirada evocan un pasado tan intenso. Eso he vivido una fría y brumosa tarde estival en el enero de Berlin, al visitar la muestra <em>Hitler y los alemanes: comunidad y crímen</em>.</p>



<p>Después de 65 años, por primera vez, en el Museo histórico de Alemania (2011) se exhibió una muestra acerca de la compleja relación del pueblo alemán con su “conductor” <em>(der Führer)</em>. Casi siete décadas pasaron para que los alemanes rompieran un tabú. &nbsp;Hasta ayer las evocaciones de ese pasado habían sido siempre para mostrar el holocausto y el dolor causado por el Tercer Reich. Hoy, sin soslayar el horror, la exposición en comento fue más allá, lo que en aras de la sanación de una comunidad es un paso nada trivial.</p>



<p>Desde el folleto se explícita que el objetivo es mostrar cómo el contexto político, social y la sensibilidad del pueblo alemán subyacían tras el poder de Hitler. Más que en los atributos personales del <em>Führer</em>, su incontrastable poder se explica por la interrelación entre el carismático líder y las expectativas y conductas de su pueblo. Sé que esta reflexión desde hace años ha sido compartida por muchos analistas, pero es digna la valentía implícita en la sociedad alemana para mirar a los ojos su pasado –aunque ocurra varias décadas después.</p>



<p>La exposición no oculta que prácticamente todos los niveles de la sociedad contribuyeron a crear un culto al dictador hasta los últimos días de la segunda guerra mundial. <em>«Hace falta explicar cómo el insignificante Hitler, un hombre que vivió 30 años en el anonimato, sin estudios ni experiencia política, pudo convertirse en ese salvador»</em>, declaró al diario El País de España uno de los curadores de la exposición, Hans-Ulrich Thamer. Según amigos alemanes una muestra así era una responsabilidad hacia las nuevas generaciones (de hecho se llena de un ávido público joven), que por décadas fueron educadas solo en un cuestionamiento culposo al régimen nazi y al holocausto, aunque sin nunca preguntarse sobre la figura del<em> Führer</em> y su relación con los alemanes. Esos mismos amigos me dicen que en el país ha sido por décadas tabú hablar de por lo menos dos cosas: de Hitler y de los judíos.</p>



<p>En más de 1.000 metros cuadrados y en orden cronológico se exhiben álbumes con fotos del <em>Führer</em>; abundante cine develando el ambiente triunfal y épico de la época; el símbolo de la esvástica en cajetillas de tabaco, en faroles de fiesta y en carros para repartir el diario del partido; dibujos infantiles y bordados a mano realizados por alumnos de colegios enteros como regalos para Hitler; tapices gigantes en su honor, juegos de mesa con él y la guerra como centro, junto a soldaditos nazis de plomo; carteles con la imagen de un niño discapacitado junto a un atleta que alerta sobre el riesgo demográfico si uno tiene más hijos que el otro; uniformes de prisioneros judíos e incluso dibujos realizados por niños en un campo de concentración.? Ahí, ante nuestros ojos, la primera gran campaña de propaganda política co-ayudando en la construcción del Estado nazi, con su industria, crímenes, autopistas y festivales, y todo para explicar cómo, en una gran crisis del siglo XX, los alemanes vieron en Hitler y sus promesas una posibilidad de progreso material (sueño tan caro a esa época) y de sublimar el resentimiento y el orgullo herido posprimera guerra.</p>



<p>Quiero aquí detenerme en dos imágenes que me impresionaron. Al inicio se exhibe la foto de una manifestación popular en los años posteriores a la primera guerra mundial, en un contexto de dolor enardecido ante las condiciones de la rendición. La imagen esta dispuesta de tal modo que recibe un haz de luz que solo ilumina a un sujeto aún anónimo y subsumido en una masa enorme: es Hitler. Gran detalle y efecto para dar cuenta de la emoción colectiva en que se inicia su ascenso al poder en la década del 30 del siglo pasado. De ahí en más, la muestra describe las políticas de gobierno, entre ellas las de exterminio, y lo que fue la colaboración y/o sumisión de la sociedad alemana de la época.</p>



<p>Es abundante la historiografía que ha analizado la relación entre el dolor y la humillación alemana posprimera guerra y la oferta de una nueva grandeza que encarnó el <em>Führer</em>. Otra literatura ha reflexionado sobre la presencia en el imaginario profundo alemán de una relación compleja con la autoridad, que en su lado A explica la capacidad para aprender con rigor la eficiencia y algunas estrictas reglas de convivencia social, mientras en su lado B explica la apertura ya sea a ejercer y/o subyugarse ante el autoritarismo. Y los teóricos posmodernos han problematizado lo que fue una modernidad de relatos totalitarios en que unos y otros se volvieron locos y los Hitler y Stalin de este mundo, como sombras terribles de lo humano, asolaron la espesura de occidente. Respecto a lo último, es fuerte en la muestra la propaganda con el odio anticomunista, más aún viniendo del nacional – socialismo –pues lector, trate usted de conectar con la época y reflexione sobre el apellido del partido-. Así como también son fuertes las imágenes de la muerte con la derrota definitiva del ejército alemán ante el “General Invierno”, hecho acaecido en la inmensa y feroz estepa de una Rusia entonces comunista.</p>



<p>La otra escena que me impresionó fue un desopilante contrapunto visual. Casi al cerrar la muestra se proyectan en 2 grandes televisores un discurso del Hitler real al lado del discurso de Chaplin en el film El Gran Dictador. Soberbio. Después de ver aquello he pensado que el genio del cine seguramente para dar credibilidad quiso ser sutil a la hora de parodiar a Hitler. Es que nada podría emular el histrionismo del orador, nada podría reflejar la rabia y pasión en su rostro, los gestos grandilocuentes y ridículos de sus manos, la ceguera y convicción que transmitía todo su cuerpo junto a la oratoria inflamada del tribuno. Ningún actor podría imitar a Hitler, pensó tal vez Chaplin, y por eso hoy, luego de ver ese notable montaje paralelo, pienso que él suavizó un poco al dictador con el fin de dotarlo ante el público de un realismo cierto en su fanática expresión.</p>



<p>Vivir esta experiencia me recordó el libro <em>“Quiero dar testimonio hasta el final”</em> de Víctor Klemperer (1881-1960), basado en dos mil páginas de anotaciones en sus diarios escritos entre 1942 y 1945 que narran con perplejidad su tiempo y su dolor. La obra, editada en español por Galaxia Gutenberg el año 2003, fue traducida y presentada por la filóloga y teóloga Carmen Gauger, quién vivió largo tiempo en Alemania la segunda mitad del siglo XX. La Gauger, en su discurso al presentar la obra (1), entregó su lúcida mirada: <em>“la ignorancia respecto a los horrores del exterminio en que vivió la gran masa de alemanes no era tanto el efecto de una estrategia de ocultamiento por parte del sistema como una decisión conciente de cada individuo, la decisión de no saber más que lo justo. Primero, por el mito del Führer –y sus éxitos en una primera etapa- que llevó a aceptar las medidas antijudías como un pequeño “mal menor”, y por oportunismo y falta de valor civico. Y después, cuando el mito se derrumbaba a medida que se perdía la guerra, por una mezcla de indiferencia, miedo y conciencia de culpa, sin olvidar tampoco que a esas alturas el alemán medio sufría bombardeos diarios y lloraba a sus propios muertos”</em>.</p>



<p>Tras esa sincera descripción, Gauger en su discurso nos ilumina con una sabiduría que ella quería para los nuevos alemanes, aunque en mi opinión se trata de valores fundamental para todos: <em>“he pasado la mayor parte de mi vida en Alemania dedicada a la enseñanza… y sólo se me han ocurrido dos o tres reglas elementales: nunca sigas a un líder carismático y abre tú mismo los ojos. Práctica la desobediencia civil en las cosas pequeñas; sólo así podrás practicarlas algún día en las cosas grandes.”</em></p>



<p>Al inicio de esta crónica escribiá que la muestra en comento era buena para la salud colectiva. Sabemos que todo individuo empieza a sanar de su trauma, de cualquier índole, solo conversando: pues qué, sino una conversación, es toda terapia. Lo mismo entonces ocurre con un pueblo. Este empieza a sanar cuando mira a los ojos su pasado, cuando no solo se culpa, sino también se atreve a aceptar, cuando se auto-comprende, se contextualiza y se explica, cuando asume sus errores y es capaz de lidiar con sus luces y sombras. Y eso, antes de esta muestra en el invierno de Berlin, en Alemania no se había hecho públicamente, o mejor dicho, los alemanes vivían sólo en la emoción culposa del flagelarse y del ocultar. Este es un primer paso para empezar a hablar y eso conlleva las complejidades y las fortalezas de la verdad y la libertad.</p>



<p><em>1)</em><em>El discurso integro de Carmen Gauger fue publicado en la revista Rocinante el año 2003, en una crónica de la periodista Melanie Jösh desde Madrid a propósito de la edición en español de los diarios de Kemplerer.</em></p>
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